5 de julio

Publié le par Itxaso

Es siempre igual. Cada vez que tomo el tren, imagino cómo va a ser el viaje.
Y casi siempre me equivoco.
La estación Gare d'Austerlitz está siempre vacía, por lo menos siempre es así en mi imaginación.
Estación vacía, trenes vacíos.

Era sin contar con las vacaciones, el primer día de vacaciones. Y claro, la estación estaba llenísima. Cuando indicaron el andén de mi tren, pareció una marea humana que se desplazaba a la vez. Los humanos son un grupo muy gregario. Tuve ganas de volver a casa, pero tenía que ir a Orléans.

Cuando volví, el mismo día, hoy 5 de julio, el tren hacia París iba igual de lleno.
El cielo era muy bonito, no esos cielos de verano, no; un cielo con nubes, con azúl, con tonos amarillos y anaranjados. Había molinos de viento que daban vueltas incansablemente. Me hicieron pensar en Don Quijote. Yo también tengo que luchar contra molinos de viento.

Viajar en tren es como una suspensión en el tiempo, no te pasa nada, te mueves y avanzas. Es como un período de transición.
Pero hay transiciones que son más insoportables que otras. 


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